El seminario tenía una política de carácter conservador y feudal; en él había un ambiente marcado por la tradición teosófica-mística que tenía sus bases en el Renacimiento.
Aunque este instituto intentaba mantener un control de los estudios y las tendencias e ideas políticas de sus alumnos, estos leían, a escondidas, autores que no estaban permitidos, como era el caso de Kant, Lessing, Rousseau, Schiller y Herder; gracias a estas lecturas los estudiantes pudieron criticar los conocimientos tradicionalmente aceptados.
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